La “bandera suiza” en la Luna

Jul 22, 2019 | Noticias, Panorama

El 20 de julio de 1969, un cuarto de hora después del “pequeño paso para el hombre” de Neil Armstrong, Edwin “Buzz” Aldrin bajó del módulo lunar Eagle. Una vez en la Luna el astronauta estadounidense no perdió tiempo: a unos 384.000 kilómetros de la Tierra, plantó sobre nuestro satélite un mástil telescópico y desenrolló la larga hoja de aluminio que contenía. La maniobra, realizada muchas veces en el entrenamiento, le llevó unos 20 segundos. Solo después se plantaría la bandera estadounidense y los dos astronautas hablarían por teléfono con el presidente Nixon.

Con la estampilla del “Instituto de Física de la Universidad de Berna”, el dispositivo es una experiencia científica destinada a medir el viento solar y recolectar los materiales que lo componen. El viento solar es el flujo de partículas que envía nuestra estrella a través del espacio. Al desviarse alrededor de la Tierra siguiendo las líneas del campo magnético, provocan las auroras boreales. Sin embargo, debido a la magnetosfera la mayor parte de este viento no nos llega. “Por lo tanto no es posible medirlo en la Tierra”, explicó el profesor Johannes Geiss. 

Director del Instituto de Física de la Universidad de Berna en los años 60, el científico y su equipo concibieron el Solar Wind Composition Experiment (SWC), el dispositivo embarcado para el primer alunizaje de la historia. Pero para que los resultados de la experiencia fueran concluyentes, debía realizarse el mayor tiempo posible, y por eso el mástil se colocó antes que la bandera estadounidense. “La NASA evidentemente hubiera preferido desplegar primero la bandera norteamericana, pero entonces el tiempo de exposición para recoger el viento solar hubiera sido demasiado corto”, recordó Geiss. 

La experiencia, que duró 77 minutos, permitió medir dos isótopos: el deuterio y el helio-3, nacidos en el término de algunos minutos después del big bang. A partir de ella es la cantidad de materia contenida en el Universo lo que puede estimarse: una verdadera proeza que marcaba el comienzo de la excelencia suiza en el ámbito espacial. Pero, en plena carrera por el espacio, en una demostración de fuerza que Estados Unidos quería lo más visible posible, la única experiencia no estadounidense a bordo debía ser lo más neutra posible: “No debía verse ninguna cruz suiza”, confirmó Geiss. Aunque los rumores dicen que había, oculto en el interior del mástil, una pequeñísima cruz suiza…