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PORQUÉ INVERTIR EN SUIZA

Además de ser un interesante destino para el turismo, Suiza es un país ideal para desarrollar e invertir en un negocio. Tenemos cuatro lenguas oficiales y manejamos un excelente nivel de inglés. Los suizos son apasionados del trabajo: en 2012 un 65 por ciento de la población votó por no extender las vacaciones. Su economía está entre las más estables del mundo y tiene una fuerza de trabajo increíblemente talentosa, combinada con un mercado del trabajo desregulado que convierte a Suiza en un país altamente competitivo e innovador. Aunque las industrias alemana, china y estadounidense son las más conocidas, la producción industrial suiza supera a los tres países juntos. Y un dato que no es menor: según el sitio oficial de Switzerland Global Enterprise tres de las compañías helvéticas se encuentran entre las veinte más importantes del mundo: Nestlé, Roche y Novartis. La estabilidad política, económica y financiera de la Confederación, combinada con altos estándares de vida, hacen de Suiza un país ideal para que realizar inversiones. Ubicada entre los Alpes y las montañas del Jura, Suiza es un punto nodal de transporte y comunicaciones entre el norte y el sur de Europa que ofrece una amplísima diversidad geográfica.  Su Estado está dividido en tres niveles políticos: municipal, cantonal y federal.

El sistema federal es responsable por todo lo que indica su Constitución, como el sistema monetario, la legislación nacional, la defensa y las cuestiones diplomáticas. Los 26 cantones suizos, en tanto, son entes políticos y administrativos que agrupan a los municipios y gozan de un grado de autonomía que estimula la competencia al interior del país. Debido al sistema económico liberal, la estabilidad política y la integración con otros países, la economía suiza se encuentra fuertemente desarrollada. El Estado crea el marco y solo interviene para atender a las necesidades sociales a largo plazo. Los índices inflacionarios del país se mantienen entre los más bajos del mundo, igual que sus niveles de desempleo (inferiores al 4 por ciento). En términos de política internacional, mantiene su neutralidad desde 1515, siendo el país que más tiempo se mantuvo en esta posición. La estabilidad es el rasgo más destacable de su economía, que, combinada con un altísimo nivel de calidad educativa y una infraestructura sobresaliente, sientan las bases de su competitividad.

ENTORNO DE NEGOCIOS EN SUIZA

Trabajadores calificados, un gobierno estable y eficiente, un mercado laboral flexible e impuestos moderados forman la base de la prosperidad de Suiza. Como si fuera poco, se trata del país con la administración más efectiva y transparente, lo que en conjunto invita y acoge a las compañías de todo el mundo a establecerse en este lugar: no hay marco más atractivo para los negocios que Suiza. Su Producto Bruto Interno (PBI) se encuentra entre los cuatro más altos del mundo. En el sector industrial tienen una importancia clave la ingeniería, el sector eléctrico y la industria del metal con importantes referentes. Otros sectores de importancia son la química, la farmacéutica, la relojería, la alimentación, la logística. Suiza es el país que colocó la mayor cantidad de empresas entre las 20 más importantes del mundo, luego de Estados Unidos y delante China y los demás países europeos (en 2015 fueron Roche, Novartis y Richemont). El tejido industrial cuenta con muchas compañías más pequeñas, asentadas en el noroeste de Suiza, donde forman un enclave de investigación científica. Educación, dedicación y talento son los principales motivos por los que también compañías del sector de las comunicaciones y la tecnología eligen instalarse en el país. Es que en Suiza, toda la cadena de valor queda optimizada por reunir las condiciones más atractivas para hacer negocios. Suiza esta rankeado entre los top 5 lugares del mundo con mayor facilidad para hacer negocios (fuente: Universidad de St Gallen e IMD).

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El país genera una proporción significante de su riqueza a partir de la exportación de bienes y servicios. Suiza tiene una de las redes de intercambio de libre comercio más interesantes y asegura un flujo internacional de altísimos niveles de eficiencia. Estos acuerdos simplifican la importación y la exportación entre Suiza y aliados comerciales como Italia, Francia, China, Reino Unido y, los dos más importantes: Estados Unidos y Alemania. Se trata de regulaciones sencillas y transparentes, procedimientos que se construyeron relaciones internacionales sumamente sólidas. Esto permitió a las compañías del mundo mejorar su cadena de abastecimiento y ganar ventajas competitivas muy significativas. El procesamiento interno y el intercambio de industria pesada está contemplado y regulado, y, bajo algunas circunstancias, exentos de impuestos. Lo mismo ocurre con bienes que serán exportados a otros países. El reconocimiento mutuo de acuerdos con la Unión Europea y Canadá también simplifica el intercambio internacional, ya que desmantela las barreras al armonizar las regulaciones a gran escala. Hay más: el valor de los impuestos que se añaden es bajísimo (el IVA es de sólo 8 %), lo que ofrece un beneficio adicional para la importación y exportación en Suiza.

Como parte de un programa de Promoción de Inversiones, Switzerland Global Enterprise (S-GE) trabaja con organizaciones en los Cantones, el Área de Basel, el Gran Área de Ginebra, Gran Zurich y la zona de St. Gallen Bodensee, así como con 26 cantones y la Secretaría de Estado de Asuntos Extranjeros. Los cantones están por debajo de la Confederación en Suiza, y a su vez agrupan municipios. En comparación con otros países, cada uno de los 26 cantones tiene un alto rango de decisión sobre su territorio (por ejemplo, cuestiones como la salud, la educación y la cultura están dentro de su área de influencia). En un rango internacional, la red de Promoción de Inversiones acompaña a las “Swiss Business Hubs” (representaciones internacionales alrededor del mundo) en los mercados más importantes para realizar inversiones directas en Suiza. En un rango nacional, S-GE evalúa el potencial y la viabilidad de los proyectos de inversiones antes de ser reenviados a las agencias de desarrollo de negocios de los cantones, que se encargan de enviar posibles ubicaciones concretas para los potenciales inversores y guiarlos en ese proceso. Una vez que el proyecto está en marcha, las agencias de desarrollo económico se encargan de acompañar a los inversores a través de su servicio de atención al cliente.

SECTORES ECONÓMICOS Y COMERCIALES EN SUIZA

En Suiza, la industria de las Ciencias de la vida tiene una fuerte inclinación hacia el mercado internacional: el 98 por ciento de lo producido se exporta. Con una participación del 40 por ciento de los bienes de exportación suizos, la industria químico-farmacéutica es la que mayor cantidad de bienes exporta. La disponibilidad de científicos en el país es altísima gracias a que Suiza posee universidades modelo, universidades de Ciencias Aplicadas y compañías farmacéuticas dedicadas a la investigación. En comparación con otras locaciones del mundo, la industria suiza de las Ciencias de la vida tiene los mayores niveles de productividad: los datos más recientes indican que cada trabajador de los sectores que componen esta industria han producido 286.000 dólares. Entre las más destacadas se encuentra la industria farmacéutica, que en 2014 significó más de una tercera parte de lo exportado en Suiza, y el valor de creación en este sector viene aumentando de manera constante en la última década.

También la tecnología médica juega un rol fundamental: el 75 por ciento de lo producido en este rubro se exporta a países como Estados Unidos, Alemania, China y Japón. Por su parte, la biotecnología ha experimentado un importante crecimiento a lo largo de las últimas décadas. Existen más de 250 compañías locales que se ocupan del desarrollo e investigación de proyectos biotecnológicos, en tanto que las importantes multinacionales instaladas en el país generan un espacio de intercambio saludable de conocimiento entre científicos de todo el mundo, lo que da como resultado una cantidad de patentes creciente que registra año a año en el país. Varios de los principales grupos mundiales del sector son suizos: Novartis, Roche, Basilea Pharmaceutica, Actelion o TRB Chemedica.

La industria mecánica, eléctrica y metálica es una de las de mayor exportación en Suiza. Con más de 330.000 empleados, es el sector que mayor cantidad de puestos de trabajo genera en el país. Debido a los altos estándares de calidad, precisión, seguridad y confianza, esta industria se mantiene competitiva a pesar del alza de la moneda nacional. Casi el 80 por ciento de los productos son exportados, el 60 por ciento de lo cual se destina al mercado estadounidense. Su fortaleza es tal en la industria, que Suiza es el segundo país que más máquinas exporta per capital.

Nunca hubo una demanda tan grande de tecnologías limpias en el mercado. Se trata de productos y servicios manufacturados a conciencia, cuidando los recursos naturales y con una producción responsable para con el medio ambiente. Hoy las compañías suizas son pioneras internacionalmente en este tipo de tecnologías: el futuro es de aquellos productos y servicios que menor cantidad de energía y recursos consuman. Por eso, las empresas suizas están incorporando políticas para utilizar energías renovables y evitar el desperdicio de recursos como el agua. El segmento de las tecnologías limpias incluye el desarrollo de procesos, bienes y servicios que son específicamente diseñados para reducir el impacto negativo en el ambiente y que habilitan la sustentabilidad del uso de recursos y sistemas naturales. Se trata de una tendencia que abarca todas las áreas de comercialización e industria y se aplica a toda la cadena de valor.

La industria alimenticia es el pilar de la economía suiza. Unas 200 empresas emplean en el sector a un total de 37.000 personas y generan alrededor de 3.5 billones de francos suizos. Dado que muchos países emergentes se están convirtiendo cada vez más de mercados autosuficientes a mercados consumidores, nuevas oportunidades están surgiendo para los productores suizos de alimentos de alta calidad. En el país, se ofrece un variado rango de servicios a compañías de la industria alimenticia: clientes orientados a la exportación pueden confiar en la información producida a nivel nacional sobre los negocios de la industria y las tendencias en ventas. Nestlé es uno de los principales grupos del sector a nivel mundial. Se puede mencionar la muy mediatizada industria suiza del chocolate, con marcas que son entre las más populares del mundo. Varias de ellas fueron pioneras como Cailler, Lindt, Tobler, Suchard, etc.

Las TICs son clave en la economía suiza. En términos de inversiones en software, Suiza es el tercer país que más invierte en desarrollo. De acuerdo a las estadísticas de Ecolab de 2014, el 36 por ciento de todos los trabajadores del sector en el país trabajan en industrias que no producen específicamente tecnología, lo que demuestra cuán integrados están los trabajadores de este sector a la totalidad de la economía. El 25 por ciento de los profesionales de TICs trabajan para proveedores de servicios y el 7 por ciento dando soporte a compañías financieras. Las empresas de telecomunicaciones, consultoras y administración pública proveen el 5 y 4 por ciento de los puestos laborales respectivamente. Esta es una de las razones por las que compañías internacionales como Google e IBM operan con centros de investigación y desarrollo locales en el país.

Durante el siglo XVIII los hijos de las grandes familias aristocráticas de Europa Occidental completaban sus estudios con un viaje por las ciudades históricas de Italia. Esta práctica era conocida como el Grand Tour (o Kavaliersreise en alemán).  Cruzaban Suiza tanto a la ida como a la vuelta de su circuito y el país y sus paisajes alpinos pasaron a formar parte de aquel viaje. A mediados del siglo siguiente, un grupo de románticos ingleses le dieron un impulso más. Lord Byron y Percy y Mary Shelley exploraron la región del Lemán, que sus escritos hicieron famosa en Grand Bretaña. Suiza fue el país  elegido por Thomas Cook para llevar el primer grupo de un tour organizado de la historia, durante el verano de 1858. Entre sus primeros clientes estaba Sir Arthur Conan Doyle. A fines del siglo XIX, el desarrollo del ferrocarril dio un impulso aún mayor al turismo en Suiza mientras que en St. Moritz se inventaban el turismo de invierno y varios deportes de nieve. En la actualidad el sector es muy importante para la economía nacional. Representaba un 3% del PIB en 2016 y empleaba a casi 145.000 personas. Suiza es solo el 29° destino a nivel mundial pero sube al 16° en cuanto a ingresos. Siempre en 2016, Suiza contabilizó más de 35 millones de pernoctes. En 2013 las ciudades más visitadas fueron Zúrich, Ginebra, Zermatt, Basilea, Lucerna, Davos y St Moritz. En cuanto a los sitios más populares, la lista está encabezada por los zoos de Zúrich y Basilea, el Museo de los Transportes de Lucerna, la Fundación Bayeler de Basilea, el Museo del Chocolate Cailler en Broc (Friburgo), el Castillo de Chillon (Lago Lemán). El país cuenta con muchos parques y atracciones como SwissMiniatur (Ticino), el Aquaparc del Bouveret, la reconstitución del pueblo de Heidi (en Maienfeld) o el circuito Guillermo Tell (Lago de los Cuatro Cantones).

Suiza tiene un nivel de alfabetización casi total (99%). Desde hace varios siglos es un país de grandes pedagogos (se puede nombrar a Piaget, Rousseau, Pestalozzi, Claparède o Jaques-Dalcroze). Rudolf Steiner no es suizo pero desarrolló buena parte de sus actividades y su método de enseñanza (la antroposofía y las escuelas Waldorf) en la Confederación. La enseñanza obligatoria dura nueve años, hasta que los adolescentes cumplan 16. Los idiomas de escolarización varían según los cantones (alemán, francés, italiano y también en retorrománico, el cuarto idioma oficial, hablado todavía por minorías en el este del país). El sistema educativo suizo está dividido en varios ciclos: el primero y el segundo son competencia de los cantones y los programas pueden variar de uno a otro (bajo una supervisión federal). La formación superior se reparte entre tres alternativas: las universidades (se destacan especialmente la de St Gallen y su MBA –el quinto a nivel europeo en 2016), las Fachhochschule (FH, Altas Escuelas Especializadas, donde se obtienen títulos de Bachelor y Master) y las Escuelas Politécnicas. Estas últimas son dos (la ETHZ en Zúrich y la EPFL en Lausana) y simbolizan la excelencia de la educación superior suiza. En la actualidad proponen 16 departamentos que van desde los sistemas biológicos hasta las tecnologías de la información y la electrónica. Se enorgullecen de tener o haber tenido unos veinte Premios Nobel en sus aulas, sea como docentes o como estudiantes. La educación superior cuenta con otros establecimientos de prestigio: el Laboratorio Federal de Ensayos de Materiales e Investigación (EMPA); el Instituto Paul Scherrer (IPS); el Instituto Federal de Investigación sobre los Bosques, la nieve y el Paisaje (WSL) y el Instituto Federal para el Acondicionamiento, la Depuración y la Protección de las Aguas (EAWAG).

Al mismo tiempo Suiza ocupa un papel de primera importancia a nivel internacional en la formación hotelera y las profesiones del turismo. Cuenta con muchas escuelas superiores que ofrecen formaciones o postgrados. Las tres mejores escuelas del rubro a nivel mundial son de hecho suizas: la EHL (Escuela Hotelera de Lausana), Les Roches y Glion (ambas forman parte del mismo grupo Laureate). Al margen de sus formaciones académicas proponen programas breves de idiomas durante el verano o el invierno para adolescentes o jóvenes adultos. Estos cursos son promocionados en la Argentina por varias empresas (la pionera del sector es European School Consultant Organization de Willie Carballo; mientras que Valeria Einstein promueve el grupo Laureate).

La industria relojera europea empezó en varios lugares de Inglaterra, Francia, Suiza y Alemania, pero es más especialmente en la ladera helvética del Jura y en la ciudad de Ginebra donde se ha convertido en una pujante actividad que supo sobrevivir a todas las transformaciones del mundo por medio de calidad e innovación. En 1541 el protestante Calvino prohibió los signos de riqueza en Ginebra, lo que llevó a los orfebres de la ciudad hacia la producción de relojes. Un siglo más tarde, la revocación del Edicto de Nantes en Francia empujó a muchos protestantes a cruzar el Jura y establecerse en Suiza. Llevaron con ellos sus oficios, entre los cuales estaba el dominio de los mecanismos de la relojería. Los pueblitos de los valles jurásicos, la ciudad de Ginebra y la región de Schaffhausen (en el norte) vieron la fundación de talleres que rivalizaban en ingeniosidad a la hora de producir relojes de bolsillo, cajas de músicas y automatismos. Hacia 1785 se estima que unas 20.000 personas ya trabajaban en talleres de maestros relojeros en Ginebra y producían unas 85.000 piezas al año. Un siglo más tarde, en 1870, la Confederación representaba el 70% de la producción mundial. La casa más antigua todavía en actividad es Blancpain, fundada en 1735. Otra de las pioneras es Vacheron Constantin, que celebró sus 250 años en 2015. A partir de mediados del siglo XIX, el sector se industrializó con maquinarias que permitieron lograr un constante avance en cuanto a precisión, miniaturización y estandarización. Varias casas fueron establecidas en aquellos tiempos y perduran al día de hoy: Audemars Piguet (1875), Girard-Perregaux (1852), Bücherer (1888), IWC (1868), Longines (1832), Jaeger-LeCoultre (1833), Omega (1848), Piaget (1874), Tag Heuer (1860) o Tissot (1853). Desde el principio, el mercado interno era demasiado pequeño para tanta producción y los talleres trabajaban para la exportación, vendiendo tanto modelos terminados como piezas.

Durante las primeras décadas del siglo XX, el reloj de pulsera suplantó al de bolsillo. Al mismo tiempo aparecieron algunos avances muy importantes que cambiaron la industria, como la impermeabilidad. Fue la clave del éxito de una marca como Rolex, que se impuso gracias a sus modelos Oyster. Durante el siglo pasado, las casas rivalizaron con inventos, diseño y perfeccionando sus complicaciones. Piaget se destacó particularmente con sus relojes Altiplano, los más delgados del mercado.

Hasta los años 1960, la producción suiza dominó ampliamente el mundo pero todo cambió cuando Japón exportó a gran escala relojes de movimiento de cuarzo, baratos, confiables y con las primeras pantallas digitales. La relojería suiza logró sobrevivir concentrándose en pocos grandes grupos. Sus casas siguieron apostando por los mecanismos manuales de cuerda y las complicaciones y se volcaron a los mercados del lujo y los coleccionistas. Nicolás Hayek dio un nuevo impulso a los relojes swiss-made con una marca barata, de diseño moderno y la calidad y la precisión suizas de siempre. Muchos profesionales del sector consideran que es el verdadero salvador de la industria relojera suiza al crear Swatch en los años 1980. En la actualidad la producción suiza está concentrada entre pocos grupos como Swatch, Richemont, el francés LVMH. Sin embargo algunas casas siguen siendo independientes (es el caso de Rolex, Patek Philippe, Raymond Weil y algunas otras). Suiza sigue dominando el sector en término de valor (con un 50% a nivel mundial), pero no en términos de volumen (el 80% de los relojes se fabrican ahora en China). Conservó la porción más exclusiva del mercado, pero su principal logro es haber mantenido el control sobre su industria, que puede lucir la mención Swiss Made en cada una de sus piezas. Las diez primeras marcas que más contribuyeron a la economía relojera suiza en 2013 eran, en orden: Rolex, Cartier (de Francia pero que pertenece a Richemont), Omega, Longines, Patek Philippe, Tissot, Tag Heuer, Swatch, IWC y Breguet.

Lo que va del siglo XXI fue globalmente muy positivo para el sector relojero suizo, que logró muchos éxitos comerciales gracias a los mercados de Asia y países emergentes como Rusia. La Argentina fue tradicionalmente un mercado muy valorado y algunas marcas están presentes desde principios del siglo XX. A pesar de sus altibajos, el país sigue siendo el principal mercado del continente. Tres grupos estuvieron presentes a lo largo de las últimas décadas de manera directa y continua: Omega (representada por el Grupo Chronex), Rolex (con filial propia) y Richemont (de manera directa y luego por medio de representantes). La familia Kohen (Chronex) asegura la presencia de varias marcas (entre ellas Omega, Piaget y Raymond Weil).

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